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    Michael Moore:

    "País de Burros"

    

Impactante fragmento sobre la realidad 

de la educación en el País del Norte 

tomado de su libro 

"Estúpidos Hombre Blancos"

 

 

 

    ¿Tiene  la impresión de vivir en un país de burros?

Cuando pensaba en el estado de estupidez de este país me consolaba   repitiendo que, incluso si hubiera 200 millones de burros, quedarían al menos 80 millones de personas capaces de entender lo que digo (y eso es más que la población de Inglaterra)

 

    Entonces llegó el día en que me vi compartiendo oficina con el concurso de la cadena ESPN Two – Minute Drill. Es uno de esos  programas que ponen a prueba sus conocimientos acerca de cosas como en qué posición jugó fulano en tal equipo, cuántas carreras  anotó mengano en aquel partido entre Boston y Nueva York en 1925 o qué desayunó Jake Wood la mañana del 12 de mayo de 1967. Yo desconozco la respuesta  a esas preguntas pero, por algún motivo, recuerdo el número de camiseta de Jake Wood: el 2. ¿ Y por qué retengo un dato tan inútil?.

 

    Por el contrario, son unos genios. Pueden responder  30 preguntas en menos de 2 minutos. Eso se traduce en 4 segundos por pregunta contando el tiempo de cansina lectura que necesitan los deportistas invitados para enunciar la cuestión.

Oí decir a Noam Chomsky que para comprobar que el pueblo americano no es idiota basta con sintonizar cualquier programa de deportes en la radio y escuchar la retahíla increíble de hechos que sus participantes son capaces de recordar. 

 

    Resulta portentoso y prueba  que la mente estadounidense está viva y pletórica de salud. Lo que sucede es que no recibe estímulos suficientemente interesantes o sugestivos. Nuestro reto, dijo Chomsky, consiste en encontrar la manera de convertir la política en algo tan apasionante y atractivo como los deportes. Cuando lleguemos a ese extremo, veremos a los americanos discutir acaloradamente acerca de quién hizo qué a quién en la cumbre de la OMC.

 

    Hay cuarenta millones de estadounidenses con un nivel de lectura de tercero de primaria: se trata de analfabetos funcionales. ¿Cómo conozco el dato? Lo leí. Y ahora lo ha leído usted. También sabemos que un adulto norteamericano pasa 99 horas al año leyendo libros, frente a las 1.460 horas que dedica a mirar la tele.

 

    También he leído que sólo el 11% de los americanos se molestan en leer el periódico, más allá de las tiras humorísticas o de la sección de coches de segunda mano. Vivir en un país donde hay cuarenta y cuatro millones de personas que no saben leer, y otros doscientos millones que saben pero normalmente no lo hace, resulta aterrador.

 

    Un país que sólo produce estudiantes analfabetos en masa sino que parece apegarse cariñosamente a su condición de necio e ignorante no debería estar gobernando el mundo..., al menos hasta que una mayoría de sus ciudadanos sepa localizar Kosovo (o cualquier otro país que haya  bombardeado) sobre el mapa.

 

    Por eso los extranjeros no se sorprendieron de que los americanos “eligieran” a un presidente que raramente lee nada  y piensa que África  es un país. El líder idiota de un país idiota. En nuestra gloriosa tierra de la abundancia, menos es más cuando se trata de poner a prueba cualquier pensamiento crítico o comprensión de algo que no sea... el deporte.

 

    Y eso que Bush fue alumno de Yale y Harvard. Recientemente, un grupo de estudiantes de último curso de 55 prestigiosas universidades americanas (como Yale, Harvard y Stanford) se sometió a un test de elección múltiple sobre temas propios de la enseñanza secundaria. Había 54 preguntas, y los estudiantes de tan magnas instituciones sólo respondieron correctamente al 53% de las mismas. Un solo estudiante llegó a acertarlas todas.

 

    Un escandaloso 40% de dichas lumbreras no sabía cuándo se había librado la guerra de Sección, pese a que contaban con este amplio abanico de opciones: A. De 1750 a 1800; B. De 1800 a 1850; C. De 1850 a 1900: D. De 1900 a 1950; E. Después de 1950. (Chicos, la respuesta es C.) Las dos preguntas se en que mejor puntuaron estos universitarios fueron 1) ¿Quién es Snoop Doggy Dog? (el 98% la acertó), y 2) ¿Quiénes son Beavis and Butthead? representan lo mejor de la sátira americana de los noventa ni que Snoop y otros raperos han cantado varias verdades acerca de los males sociales del país.

 

    Pásese por cualquier escuela pública del país y, con toda probabilidad, encontrará aulas masificadas, techos goteantes y profesores hundidos, en una de cada cuatro escuelas encontrará estudiantes que “aprenden” de libros de texto publicados en 1980 o antes.

 

    ¿Por qué?  Porque los líderes políticos – y la gente que les vota – han decidido que construir otro bombardero tiene prioridad sobre la educación de nuestros hijos. Prefieren entretenerse pronunciando conferencias acerca de la depravación de espectáculos televisivos que ocuparse de la auténtica depravación que supone el estado de penos negligencia en que se encuentran nuestras escuelas y nuestros escolares, que a este paso defenderán dignamente título de País más Burro de la Tierra.  

 

      Odio decir todo esto. Me encanta este pedazo de país y amo a los chalados que lo habitan. Pero cuando viajo a algún remoto poblado de América Central, y oigo a chicos de doce años contarme sus preocupaciones acerca del Banco Mundial, tengo la impresión de que algo anda mal en Estados Unidos de América.

 Nuestro problema no es sólo que nuestros niños no saben nada, sino que los adultos que pagan su matrícula están a su mismo nivel. 

 

    Me pregunto qué sucedería si examináramos al Congreso de Estado Unidos para ver lo que saben nuestros representantes. ¿Y si les pusiésemos un simple test de conocimientos generales a los comentaristas que acaparan las emisoras de radio y televisión con su ininterrumpida cháchara? ¿Cuántas respuestas acertarían?.

 

     Yale y Harvard. Princeton y Dartmouth. Stanford y Berkeley. Consigue una licenciatura en alguna de estas universidades ya no tendrás que  preocuparte por nada  en la vida. ¿Qué importancia tiene que el 70% de los graduados de dichas instituciones jamás hayan oído hablar de la Ley del Derecho al Voto o del programa para una Gran Sociedad  del presidente Lyndon Johnson? “¿A quién le importa?”, te preguntas sentado en tu silla toscana observando la puesta de sol y paladeando la buena marcha de tus negocios.

 

    ¿Y qué más da si ninguna de estas universidades punteras a las que acuden estos ignorantes requiere un solo curso de historia americana para licenciarse? ¿De qué sirve la historia si uno va a ser el futuro amo del mundo?.

¿A quién le importa si el 70% de los universitarios estadounidenses se licencia sin haber aprendido una lengua extranjera? ¿Acaso no habla inglés todo el mundo? Y si no así, ¿no deberían aplicarse de una vez esos puntos  extranjeros?

    ¿Y a quién carajo le importa que, de los setenta departamentos de literatura inglesa de las grandes universidades americanas, solo veintitrés exijan a sus alumnos de lengua inglesa que aprueben un curso sobre Shakespeare? ¿Puede alguien explicarme qué tiene que ver Shakespeare con el inglés? ¿Y de qué sirven cuatro mohosas obras de teatro en el mundo de los negocios?

 

    Como todos  sabemos, la secundaria es una suerte de castigo sádico y cruel impuesto a los adolescentes por adultos que buscan vengarse por no poder llevar una vida despreocupada de disfrute irresponsable. ¿Qué otra explicación puede haber para esos cuatro años de comentarios degradantes, abuso físico y la convicción de que eres el único que no folla?.

 

    Entonces yo me enfrentaba a los riesgos de un corral atestado con más de dos mil adolescentes. los mandamases de la secundaria  tenían una simple misión: “Ata a esos capullos como perros, enciérralos hasta doblegar su voluntad y que vayan a pudrirse como peones a una fábrica de plásticos.” Haz esto, no hagas eso, ponte la camisa por dentro, borra esa sonrisa de tu cara, dónde está tu permiso, ESTE PERMISO  NO ES VÁLIDO: CASTIGADO.

 

    Sin duda, hay un montón de profesores que dan pena y que harían mejor dedicándose al telemarketing. Pero la mayoría de ellos son educadores dedicados que han elegido una profesión que les proporciona menos dinero del que ganan algunos de sus alumnos trapicheando con Extasis. Y por lo visto ese sacrificio merece un castigo. No sé qué piensan ustedes, pero yo deseo que los profesionales que tienen a mi hija bajo su tutela durante más horas al día que yo, sean tratados con respeto y consideración. Son ellos quienes van a preparar a nuestros hijos para salir al mundo, así que  ¿para qué querríamos cabrearlos?

 

    ¿Qué prioridad le concedemos a la educación en este país?

Visto el trato degradante que nuestra sociedad brinda cotidianamente a los profesores a escala nacional que algunas ciudades se han visto obligadas a reclutarlos en el extranjero. Recientemente, Chicago contrató a varios profesores provenientes de 28 países, incluidos China, Francia y Hungría. Para cuando empiece el nuevo semestre en Nueva York, siete mil profesores se habrán retirado, y el 60% de sus sustitutos no estarán habilitados para ejercer la docencia allí.

 

    Lo más gordo es que 163 escuelas de Nueva York abrieron el curso escolar 2000-2001 sin contar con un director. Lo que oyen: escuelas sin una persona al cargo. Da la impresión de que el alcalde y la junta escolar están experimentando con la teoría del caos: Vamos a meter a 500 chicos pobres en un edificio ruinoso y a ver qué pasa. En la ciudad desde la que se controla buena parte del riqueza mundial, donde hay más millonarios por metro cuadrado que chicles por las aceras, parece que no podemos encontrar dinero para pagarle a un profesor  novel más de 31.900 dólares al año. Luego nos sorprendemos de los malos resultados.

 

    Y el problema no está sólo en los profesores: las escuelas del país literalmente se caen a pedazos. En 1999, una cuarta parte de las escuelas públicas americanas informaron de que al menos uno de sus edificios se hallaba en condiciones precarias. En 1997, todo el sistema escolar de Washington. D. C. Tuvo que tercera parte de los centros escolares resultaban inseguros.

 

    En casi el 10% de las escuelas públicas el número de matriculaciones excede en más del 25%  la capacidad de sus dependencias. Se imparten clases en los pasillos, al aire libre, en el gimnasio o la cafetería; en una de las escuelas que visité, el cuarto de la limpieza se utilizaba como aula. No hay de qué admirarse, habida cuenta de que el cuarto de la limpieza tampoco parece cumplir su función: casi el 15% de las 1.100 escuelas públicas no cuenta con personal de mantenimiento, lo que obliga a los docentes a fregar el suelo y a los estudiantes a apañarse sin papel higiénico. En algunos casos, los alumnos se han visto obligados a vender golosinas para que sus escuelas pudieran comprar instrumentos de música. Ya no sabemos qué inventar. ¿Lavado de coches para costear lápices?.

 

    Otra prueba de lo crudo que lo tiene nuestra descendencia es el número de bibliotecas públicas y escolares que han cerrado o a las que se les ha reducido el horario. ¡No sea que los niños pasen mucho rato leyendo cosas peligrosas!.

 

    En muchas de las bibliotecas públicas no hay un solo ordenador a la vista (...) Datos y teorías que han perdido ya toda su vigencia, así como estereotipos ofensivos, saltan de las páginas presuntamente respetables de enciclopedias y biografías, tomos de ensayo y de ficción. Entre los volúmenes de estos anaqueles, un estudiante se vería incapaz de encontrar información precisa sobre el sida u otras enfermedades actuales, sobre misiones a la Luna o Marte, o sobre los últimos cinco presidentes de Estados Unidos.

 

    La mayoría de nosotros sólo entra  en un colegio durante las elecciones de nuestro distrito. (Resulta irónico participara en el sacro ritual de la democracia mientras dos mil estudiantes en el mismo edificio viven bajo una suerte de totalitarismo.) los pasillos están repletos de adolescentes hastiados que se arrastran de una clase a otra, aturdidos y apáticos, preguntándose qué han venido a hacer. Aprenden a regurgitar las respuestas que el Estado quiere que den, y cualquier tentativa individualista  basta para convertirse en sospechoso de pertenecer a la mafia de los niños malos. 

    

    Recientemente, visité una escuela y algunos estudiantes me preguntaron si me había dado cuenta de que todos llevaban ropa blanca o de un tono neutro. Nadie se atreve a vestirse de negro o con nada que resulte llamativo u osado, pues eso supondría una visita obligada al director, donde la psicóloga escolar intenta discernir si tu camiseta de Marilyn Manson significa que pretendes acribillar a balazos a la clase de geometría de la señorita Nelson.

 

     Así, los chicos aprenden a reprimir cualquier forma de expresión individual. Aprenden que es mejor comportarse como es debido para ir tirando. Aprenden a no agitar las aguas para no verse tragados por las olas. No cuestiones la autoridad, haz lo que se te dice. No pienses. Ah, y lleva una vida sana y productiva como activo y equilibrado miembro de nuestra democrática floreciente. 

 

                                                                       elioosejo@hotmail.com

 

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