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Envianos tus cuentos ypoemas  Wilmer Mejía Carrión:

    "La Chica del Cerro"

    

    Admirado narrador peruano, Julio Ramón 

    nos dejó también sus "Prosas Apátridas"  

    una lectura enriquecedora de la que presentamos

    este pequeño pero impactante fragmento:  

 

 

 

 

Un domingo en la tarde  me encontraba parado frente a un kiosco de periódicos. Como siempre  los diarios chicha mostraban en sus coloridas portadas calatas, muertes y más calatas. Fue en esos momentos que noté que a mi costado se encontraba una chica de cabellos negros, largos y lacios, que aunque de facciones finas, tenía la tez  trigueña casi marrón. Era la perfecta mestiza, una chola power.  

- Así deberían ser todas las mujeres en el Perú- pensaba mientras la contemplaba embelesado-.  

    Di unos cuantos pasos hacia atrás para poder observarla sin que ella se diese cuenta, allí pude notar que estaba acompañada  por una chiquilla de unos 11 o 12 años de edad, - Tal vez sea su hermana-pensé-.    ¿Por qué esta atracción tan repentina hacia esta chica? 

    La miraba fijamente y con detenimiento, pues sabía que nunca más la volvería a ver.  Mi meditación fue interrumpida  por dos sujetos con la inequívoca pinta de galanes de pollada bailable. Uno de ellos se queda mirando de lejos, mientras que su compañero se acerca hacia la chica y le empieza a hablar. Al parecer entre ellos hay algo más que una simple amistad ya que la charla es muy amena y ambos sonríen y comparten miradas cómplices, como si guardaran un secreto mutuo.  

-¿Quién es tu amigo?-Preguntaba ella con  coquetería -¿Por qué no se acerca?

- Pero que coqueta había resultado ser esta chica –pensé yo-  

    Tenía muchas ganas de escuchar lo que ellos conversaban pero no podía acercarme mucho, aunque tampoco estaba demasiado lejos,  sólo atinaba a escuchar cabalmente algunas palabras solitarias que no poseían mucho contenido para entender la totalidad de la charla.

        Terminan la conversación y él, aprovechando las circunstancias, le da un beso en los labios, ella no atina a decir más que un simple y sonriente: ¡ooooooooye¡

          Él se retira y ella se queda sola con su hermana, repentinamente se da cuenta que es tarde y que tiene que volver a su casa. Agarran su bolsa llena de cosas que han comprado del mercado y toman el primer mototaxi que encuentran. Suben  y el chofer arranca.

      Me quedo observando como se va alejando el vehiculo, intrigado por aquella chica, cuando de repente me entra una gran curiosidad por saber donde vive, sin pensarlo dos veces, empiezo a correr y a perseguir el mototaxi.

    Mientras voy corriendo me doy cuenta que el camino se hace cada vez más y más empinado, voy observando a la vez el típico paisaje de un barrio de cono de Lima , casas a medio acabar, niños jugando descalzos en las calles, gente tomando cerveza enseñando sus panzas cheleras.  Sudoroso, cansado y casi sin aire al fin veo que el mototaxi se detiene.
Rápidamente me escondo detrás de un tanque de agua.

Bajan.
El mototaxi se aleja.
Apenas tocan la puerta sale una señora que les grita por la demora, tenía un acento aquechuado, sureño, tal vez cuzqueño o ayacuchano. Entran  y yo salgo de mi escondite, me acerco a la casa. Ésta era pequeña, de una sola pieza, construida con material noble y las paredes estaban sin tarrajear ni pintar. La puerta estaba gastada y estaba hecha de madera. Las ventanas estaban cubiertas de triplay, tenía algunas fisuras por las cuales podía ver el interior.

      Mirando por una de ellas me di cuenta que dentro de la casa no había divisiones , todo se encontraba junto.Así la cocina, las camas y el comedor ocupaban un mismo espacio.

      La señora estaba cocinando mientras aquella chica tan coqueta se encontraba cerca de una de las camas, se mira en el espejo y se para “delante” mío. Se saca el polo, el sostén…estaba a punto de ver lo más íntimo de su ser, cuando la chiquilla que la había acompañado me ve  y grita: “¡ratero, ratero!”. En esos momentos no sabía que hacer, estaba totalmente asustado, pues empezaron a salir todos sus vecinos,  no atine mas que a correr desesperadamente. En segundos me vi perseguido por una turba de pobladores armados con palos  como si yo fuese un vil y vulgar delincuente.

  ¿Era a la izquierda o a la derecha?, ahora no importaba, lo importante era correr lo más rápido posible, pues aunque no miraba hacia atrás, por lo fuerte que se escuchaban sus insultos sabía que si dejaba de correr me aplicarían la famosa justicia popular.

     Doblo una esquina y veo una zanja, no lo pienso dos veces y entro en ella, de un solo salto, me tapo con algunas bolsas vacías de cemento lo mejor que puedo y me quedo muy quieto para que no me descubran.

     Escondido y temblando de miedo, logre escuchar algunas palabras obscenas   que me eran dadas por mis perseguidores.      Tanto era mi temor  que me quedé como media hora dentro de aquella zanja respirando polvo y tragando arena, no vaya a ser que aun estén rondando por allí. 
    Ya seguro de que no había nadie, salí y me di cuenta que estaba cerca de un acantilado, había bajado casi la mitad del cerro, desde allí, tenia una  vista panorámica  de mi distrito. 

Eran como las 3 de la tarde, el sol quemaba, la atmósfera estaba polvosa y se podía escuchar, casi como un susurro la música chicha  que provenía del mercado que estaba allá abajo, entonces pensé:     La coquetería y la feminidad se encuentran en cualquier parte donde haya una mujer, hasta en la punta de un cerro.

 

                                                                          elioosejo@hotmail.com

 

 

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